
Antes, de niño, había un juego llamado “portero que recibe goles”. Jugabas bien al fútbol, superabas a todos los rivales, anotabas el gol, pasabas a ser el portero. Luego, si alguien que jugaba peor que tú anotaba un gol, te decían que salieras del portero y te quedabas mirando desde afuera. Lo malo era que, si eras un buen portero, no recibías goles. ¿No era eso una prueba de cuán frágil era la justicia? Porque no sabías si el otro jugador, aburrido en el portero, había decidido deliberadamente no recibir el gol. Solía haber muchas objeciones: “¿Ese gol cuenta?”. Resulta que de niño nos enseñaron que el éxito se castiga 😄
