¿Qué pasaría si la empresa tuviera una “marca” incrustada en tus genes? ¿Aún podrías afirmar con certeza: “Este cuerpo es 100 % mío”? Actualmente, en el mundo de la medicina y la ciencia, tecnologías que desafían las nociones tradicionales están avanzando rápidamente. Las “extracellular vesicles (exosomes)”, que transportan información entre células. Tecnologías de entrega de fármacos que buscan atravesar la barrera hematoencefálica (BBB) para llevar ácidos nucleicos al cerebro. Y los derechos de propiedad intelectual relacionados con ácidos nucleicos y tecnologías genéticas diseñadas artificialmente. Lo crucial aquí no es la idea simple de que “una empresa pueda poseer a los seres humanos”. El verdadero problema es que nos acercamos a una era en la que las empresas pueden diseñar, transportar, hacer actuar sobre las células y, además, gestionar como propiedad intelectual la información que constituye la vida. En 2013, la Corte Suprema de EE.UU. determinó que el ADN tal como existe en la naturaleza no es patentable, pero que el ADN complementario (cDNA) creado artificialmente sí puede ser considerado patentable. En la agricultura, ya se han litigado en tribunales los límites de los derechos de patente sobre cultivos con rasgos genéticos patentados. Entonces, ¿qué sucedería si, en el futuro, “información genética diseñada artificialmente”, “la tecnología para transportarla a las células”, y “los tratamientos que utilizan esa información genética” se integraran en un enorme sistema de propiedad intelectual? No sería necesario que una empresa poseyera directamente el cuerpo humano. Solo necesitaría controlar la “información” que mueve el cuerpo y la “tecnología” que manipula esa información. Cuando se llegue a ese punto, la vida ya no será simplemente un cuerpo físico, sino algo que se transforma en: Información legible ↓ Información diseñable ↓ Información entregada a las células ↓ Información gestionada como propiedad intelectual Esto es aún una hipótesis futura que no se ha hecho realidad. Pero cada una de estas tecnologías individuales ya está siendo investigada. Por eso, debemos preguntarnos: ¿Es el ser humano un ente que posee su propio cuerpo? ¿O su cuerpo mismo se convertirá en una “plataforma diseñable” por otros? Quizás el ser humano no sea un ser completo al nacer, sino uno que se va diseñando mientras vive. ※Es necesario distinguir claramente la posibilidad de transmisión no intencionada de información genética entre humanos mediante exosomas, de cualquier evidencia actual en seres humanos.
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