El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quería vender una parte de la Copa Mundial a inversores privados por $4.2 mil millones. A su vez, la Copa Mundial parece estar traicionándolo.
Un asesor clave ha dimitido y una creciente coalición de federaciones miembros, liderada por la UEFA, se opone firmemente al plan de Infantino de comercializar el torneo a través de una nueva subsidiaria llamada FIFA Forward Enterprise. La propuesta, anunciada el 29 de julio, ofrecería un 20% de stake en una nueva entidad responsable de gestionar los derechos de transmisión, los acuerdos de patrocinio y la venta de entradas.
El dinero, y las condiciones asociadas
Aquí está la propuesta que Infantino hizo a las 211 asociaciones miembros de la FIFA: aprueben el plan y cada federación recibirá un pago inicial de 20 millones de dólares. Luego, se realizarán pagos anuales de 20 a 24 millones de dólares desde 2027 hasta 2038.
El inversor principal posicionado para adquirir ese 20% de participación minoritaria es Thrive Eternal, una empresa liderada por Joshua Kushner. La recaudación total de capital alcanzaría los $4.2 mil millones, canalizados hacia una entidad que controlaría efectivamente el motor comercial de la joya del fútbol mundial.
La UEFA ha sido el crítico más vocal, advirtiendo públicamente que el plan arriesga crear una grieta fundamental en la gobernanza del fútbol mundial.
Fracturas internas y la salida de asesores
La renuncia de un asesor clave ha añadido una capa de crisis institucional a lo que ya era una propuesta controvertida. Varias federaciones han señalado oposición. Infantino ha mantenido históricamente su apoyo canalizando fondos hacia federaciones más pequeñas que dependen del financiamiento de la FIFA. La propuesta de la FFE refuerza esa estrategia, ofreciendo esencialmente $20 millones por federación como incentivo. Pero incluso algunos de los aliados habituales parecen incómodos con el alcance de lo propuesto.
Las asociaciones miembro de la FIFA han mantenido tradicionalmente una supervisión colectiva de los derechos comerciales de la Copa Mundial. Externalizar esto a una entidad privada, incluso una en la que la FIFA retenga un 80% de stake, introduce una nueva clase de partes interesadas cuyos intereses pueden no alinearse con la comunidad más amplia del deporte.
Las votaciones decisivas entre las asociaciones miembros aún no han ocurrido. Infantino ha sobrevivido desafíos anteriores aprovechando la estructura de un país, un voto de la FIFA, donde Liechtenstein tiene el mismo peso que Brasil. Pero la combinación de renuncias internas, la oposición organizada de la UEFA y las crecientes preocupaciones sobre el papel del capital privado en la gobernanza deportiva sugiere que esta lucha es diferente.
