David Sacks quiere que las empresas que construyen el futuro de la IA también asuman el costo de alimentarla. El ex zar de la IA y las criptomonedas de la Casa Blanca, ahora copresidente del Consejo Presidencial de Asesores en Ciencia y Tecnología, ha impulsado una propuesta sencilla: si las empresas de IA necesitan cantidades masivas de electricidad para sus centros de datos, deben pagar ellos mismos las actualizaciones de la red en lugar de trasladar esos costos a las familias.
El Compromiso de Protección del Usuario
El elemento central del impulso de Sacks es el “Compromiso de Protección al Usuario”, anunciado el 5 de marzo de 2026. Siete de las mayores empresas tecnológicas del mundo se unieron: Amazon, Google, Meta, Microsoft, OpenAI, Oracle y xAI.
El compromiso obliga a estas empresas a cubrir los costos de la nueva generación de energía necesaria para sus centros de datos. Esto significa construir nueva capacidad de generación, actualizar la infraestructura y, lo más importante, seguir siendo responsables de cualquier capacidad que construyan pero que no terminen utilizando.
Sacks ha argumentado que el acuerdo podría reducir realmente las tarifas eléctricas para las comunidades cercanas. La lógica: los centros de datos necesitan generación de energía confiable y a gran escala. Cuando estas instalaciones producen más electricidad de la que consumen las cargas de trabajo de IA, el exceso puede venderse de nuevo a la red a precios competitivos.
Una revolución industrial en kilovatios
La inversión en infraestructura de IA se proyecta que aumente de 800 mil millones de dólares en 2026 a 1,4 billones de dólares para 2027. El propio Sacks ha caracterizado la expansión prevista como una nueva revolución industrial, comparable al auge ferroviario del siglo XIX.
En una mesa redonda presidencial el 24 de agosto de 2026, la conversación se centró en cómo las empresas de IA podrían aumentar la capacidad de la red en general. Sacks planteó la trayectoria futura de las principales empresas de IA como una en la que evolucionarán hacia proveedores de energía influyentes, no solo consumidores de energía.
Durante sus comentarios en la cumbre del G20 en septiembre de 2026, Sacks reiteró estos puntos, afirmando que los centros de datos bien gestionados podrían estabilizar o incluso reducir los costos de electricidad, al tiempo que generan empleos y impulsan mejoras en la infraestructura de la red.
La tensión política subyacente
El panorama normativo presenta una verdadera división filosófica. Por un lado, está el bando de la expansión, representado por Sacks y sus aliados, quienes ven la inversión masiva en infraestructura como algo inevitable y beneficioso. Por otro, figuras como el senador Bernie Sanders han abogado por restricciones a la construcción de centros de datos, argumentando que la demanda energética de la inteligencia artificial no debería tener prioridad sobre otras necesidades sociales.
El Compromiso de Protección al Contribuyente es, en cierto sentido, la respuesta de Sacks al bando de la restricción: no limiten la expansión, simplemente asegúrense de que los constructores paguen sus propios costos.
La prueba definitiva será sencilla: ¿bajarán, se mantendrán estables o aumentarán las facturas de electricidad residencial en comunidades cercanas a grandes centros de datos? Esa es la métrica sobre la que Sacks ha apostado su credibilidad.
