
Una cosa que creo que merece más atención a medida que crece la inteligencia artificial física es la propiedad de los datos de los robots. Los robots ya no son solo máquinas que siguen instrucciones. Están recopilando información, aprendiendo de su entorno, interactuando con personas y generando datos valiosos cada vez que operan. Pero aquí hay una pregunta interesante: ¿quién posee realmente todos esos datos? ¿El fabricante? ¿La empresa que opera el robot? ¿O el cliente cuyo entorno está siendo registrado? En mi opinión, esto podría convertirse en un problema bastante grande a medida que las máquinas autónomas se integren en operaciones cotidianas. El acceso a los datos, la privacidad, los permisos y la responsabilidad deben estar claros desde el principio, no resolverse después de que algo salga mal. Esta es otra razón por la que estoy siguiendo de cerca a @continuumlabs_. Construir una economía de máquinas confiables no se trata solo de hacer que los robots sean capaces de hacer más. También se trata de saber qué máquinas están operando, qué les está permitido acceder y garantizar que su actividad sea verificable. Cuanto más inteligentes se vuelvan las máquinas, más importantes serán la confianza y el control de los datos.





